El Huey Atlixcáyotl, como nunca, pasó por agua. En pleno día de san Miguel, que por costumbre llueve, la tradicional fiesta se vio menguada por una constante llovizna que hizo que el gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta llegara puntual pero cubierto por su comitiva.
En su edición 54 la tradicional fiesta tuvo que esforzar su ánimo. Poco a poco la sillería se fue ocupando tapiada por sombrillas. Las danzas, por tanto, tuvieron que esperar. De manera breve, fueron coronadas la xochicihuatl y sus dos xochipimes. De repente, entre el público se oyó un coro: “¡Cayuqui, Cayuqui!”, en referencia al Raymond Harvy Estage Noel, el fundador del festival en 1965.
Atrás del escenario los danzantes esperaban su turno mientras la lluvia en vez de menguar, arreciaba. Se informó que “por su integridad”, la fiesta ocurrida en el cerro de san Miguel se había retrasado. Acompañado por el secretario de Cultura, Julio Glockner Rossainz, el gobernador Luis Miguel Barbosa, esperaba entre uno que otro chiflido soltado desde el público.
Por fin, tras unos 40 minutos de retraso, el Huey Atlixcáyotl inició. Para animar la fiesta, comenzaron las chinas y los charros de Atlixco, en esa tradicional danza en la que las parejas se acompañan por una mojiganga que gira entre los danzantes al compás de la música en vivo de una banda de viento.
Luego, en una danza más bien ritual marcada por el rasguido de un par de guitarras, se ejecutó la danza de los Migueles, de Zacapoaxtla, en la que se ve representada la lucha del bien contra el mal, a través de un medido baile ofrecido por niños vestidos de arcángeles.
De san Sebastián Tlacotepec llegó la danza de los Huehuetones, con cantos en una de las cuatro variantes del mazateco, para representar el dia de muertos, la forma en que se ofrenda y la visita de los difuntos.
Antes de recibir los presentes que le otorgaron vecinos de Ajalpan, el gobernador dio una noticia: que en coordinación con el edil de Atlixco, Guillermo Velázquez, y el secretario de Cultura Julio Glockner, se hará del tradicional lugar “el gran escenario del Atlixcáyotl”.
Ello, abundó, porque se construirá “un gran lugar” que sea sede de la cultura y de sus expresiones, de las danzas, de las tradiciones, en donde incluso haya un museo de sitio, para que en 2020 el Huey Atlixcáyotl pueda ser reconocido a nivel nacional e internacional.
Acompañado de Cayuqui, Barbosa Huerta dijo que con este festival el gobierno estatal “muestra su respeto a las costumbres, tradiciones y todo lo que significa México, Puebla y sus regiones”, a la par de valorar a los danzantes que participan en él.
“Con ellos forzaremos lo que viene para nosotros. Son nuestra identidad, (pues) pueblo que pretende borrar su identidad, pierde su destino”.
Destaca que en este festival, que desde 1996 es Patrimonio Cultural del Estado, se muestran la danza, la indumentaria de diversas regiones etnogeográficas: de los valles centrales, los volcanes, tierra caliente, la mixteca, la región popoloca, Cañada, Sierra Norte, Huasteca, Llanos, Costera, Sierra y valle de Tehuacán. En dichas regiones habitan nahuas, otomíes, totonacos, tepehuas, popolocas, mixtecos y mazatecos














