Tonatiuh Muñoz Aguilar
En medio de una multitud nunca antes vista en el zócalo de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, candidato electo de la coalición Juntos Haremos Historia, aseguró que su gobierno no será una dictadura ni declarada ni encubierta.
Con esta afirmación, el virtual presidente de México se deslindó intrínsecamente de las comparaciones con Nicolás Maduro, presidente de Venezuela que tanto le hicieron a lo largo de toda la campaña. Con otra, lanzó un guiño al respeto de todas las preferencias sexuales.
Y así, con un discurso incluyente, el histórico líder de una izquierda construida desde diferentes fragmentos de núcleos como el radicalismo, la democracia social e incluso el renovado comunismo sentó la dirección sobre lo que aparentemente será su gobierno: derechos humanos, reconciliación, indígenas: todo mundo cabe en el proyecto del presidente electo.
Luego de que a las 11:00 de la noche el presidente del INE, Lorenzo Córdova, reconociera una aplastante victoria de López -ni los resultados de Meade, Anaya y «El Bronco» juntos hubieran podido derrotarlo -, el abanderado de Juntos Haremos Historia apareció en la Alameda Central para gritar su victoria al mundo.
Antes, un recorrido triunfal desde el hotel donde se resguardaba en espera de los resultados oficiales hasta el centro de la capital del país, le brindó al todavía candidato una imagen impensable hasta apenas unos años: él transportándose entre decenas de motociclistas al paso de miles de personas que intentaban siquiera tomarle una foto.
Sucedió como López Obrador lo había vaticinado: la proclamación de una victoria que partió desde el corazón de México hacia el resto del país y luego al globo, pese a que minutos antes varios líderes mundiales ya le habían levantado la mano al señor López, entre ellos y sorprendentemente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien auguró posibilidades de cooperación entre ambos países.
Pero en el discurso triunfal de AMLO también cupieron los reconocimientos para el mandatario saliente, Enrique Peña Nieto, quien minutos antes ya había reconocido su victoria y la estrepitosa derrota del partido en el gobierno. De forma inverosímil, López Obrador señaló a Peña como un presidente que se mantuvo al margen de los comicios.
También reconoció a los medios, con quienes otrora se había confrontado y aseguró que en esta ocasión fueron equitativos. López Obrador extendió así una mano a todos aquellos actores que en su momento habían resultado piedras en su camino: más de 30 años de lucha coronados con el gesto de la magnanimidad del victorioso.













