Tonatiuh Muñoz Aguilar
El 9 de marzo de 2012, Agnes Torres Hernández, activista transgénero originaria de Tehuacán fue invitada a una fiesta en la región de Chipilo, por quien entonces era su novio, Jorge Flores Zechinelli.
A partir de ese viernes por la noche, los amigos y familiares de Agnes perdieron toda comunicación con ella por lo que se movilizaron a través de redes sociales para buscar pistas de su paradero. Nada supieron durante más de 24 horas.
El domingo 11, un medio de comunicación local consignó en una noticia de la sección policiaca el hallazgo del cadáver de un hombre, el cual vestía ropa de mujer y aparentemente tenía implantes, por lo que reportó la nota como el presunto homicidio de un travesti.
Esa misma noche las autoridades confirmaron que la víctima era Agnes Torres, a quien ya un grupo mayor de ciudadanos buscaba a través de plataformas como Twitter y Facebook. Lo que siguió a partir de entonces fue uno de los casos policiacos y sociales más importantes de los recientes tiempos y el primer gran escándalo del sexenio de Rafael Moreno Valle.
La activista
Nacida originalmente como Abraham Torres Hernández, Agnes era una activista transgénero que desde muy joven asumió su condición de identidad sexual y sexogenérica y que supo abrirse paso no sólo en una sociedad muy machista sino en un sistema pensado desde la heterosexualidad.
Tan es así que cuando concluyó con honores la Licenciatura en Psicología, la Universidad Veracruzana (UV) se negó a expedirle título a nombre de Agnes Torres Hernández, aduciendo que en su acta de nacimiento aparecía el nombre de Abraham.
La activista se vio de pronto atrapada en la disyuntiva de recibir un diploma a nombre de una identidad que ya no le pertenecía o luchar por sus sueños aunque eso significara continuar por la vida sin un documento que la acreditara como psicóloga.
Esas vicisitudes sumadas a la transfobia la orillaron a vivir en el desempleo. Los días cercanos a su homicidio Agnes padecía una depresión a costa de no tener trabajo y no poder ejercer la profesión para la que había estudiado. Algunas entrevistas concedidas a medios de comunicación locales no servían para pagar las cuentas.
El crimen
Agnes Torres había conocido recientemente a Jorge Flores Zechinelli. El joven chipileño aparece en sus fotografías como la encarnación del sueño de toda mujer de su edad: blanco, de ojos claros, varonil y de sombrero. El prototipo del hombre al que aparentemente pertenecen quienes viven en esa junta auxiliar de San Gregorio Atzompa.
Conocida como la comunidad italiana por excelencia, que se ubica en la periferia de Puebla capital, Chipilo ha sido vista desde hace tiempo como el sitio donde viven una gran cantidad de hombres y mujeres hermosos, descendientes de italianos que sin embargo, difícilmente se mezclan con quienes no son oriundos.
No es de extrañar que para Agnes el inicio de esta relación representara una esperanza, mientras que para Flores el noviazgo significó todo un suceso, ya que de acuerdo con las declaraciones de familiares y conocidos, el joven presumía a la chica trans como si anduviera con una modelo y de hecho Agnes Torres había hecho algunas veces trabajos de modelaje.
Versiones periodísticas apuntan a que Flores no se enteró de la condición transgénero de la tehuacanera hasta minutos antes de su muerte. Para la Fiscalía General del Estado el móvil del crimen no fue sin embargo el odio transfóbico sino la intención de robarle un auto modelo Gol que Torres entonces manejaba.
Lo cierto es que la noche del 9 de marzo de ese año, Agnes se arregló para una fiesta y antes de salir con rumbo a Chipilo cenó con una de sus amigas en la zona de la 25 Poniente y Bulevar Atlixco, a quien presuntamente le contó que minutos después le revelaría a su novio su condición de transgénero.
Esa sería la razón por la que Flores Zechinelli habría montado en cólera y asesinado a la chica con ayuda de tres de sus amigos y un menor de edad, a pesar de que la autoridad insiste en que el homicidio no fue espontáneo sino que los responsables lo planearon de antemano con el objetivo de apoderarse del automóvil de la víctima.
El escándalo
Conocida en los ambientes homosexual y periodístico debido no sólo a su imponente presencia sino también a sus conocimientos en Psicología, la desaparición de Agnes Torres se convirtió casi de inmediato en una tendencia de las redes sociales y el hallazgo de su cadáver despertó la indignación de la ciudadanía.
El naciente gobierno de Rafael Moreno Valle no vio venir el alud de críticas hasta que el asesinato de Agnes retumbó en los medios nacionales y aun en algunos como El País, de España, donde se hizo hincapié en el carácter conservador de una sociedad como la poblana.
Un fin de semana marcado por la homofobia en el que además del crimen de Agnes se cometieron otros dos homicidios con violencia de género, más las lamentables declaraciones de un diputado del PANAL, formaron parte de la pólvora que alimentó la explosión en las horas subsecuentes a la confirmación de la noticia.
El gobierno de Moreno Valle quiso contener los daños y designó el caso a la entonces Dirección General de Atención a Delitos de Alto Impacto, que montó un operativo en Mérida para capturar al principal sospechoso, el propio Flores Zechinelli, quien presuntamente había huido junto con un cómplice a la capital yucateca.
Sólo atraparon a este último, quien se sumó a los otros tres detenidos en la zona metropolitana de la capital del estado. Uno de ellos fue un menor de edad que logró ser libre tras pasar tres años de prisión en un centro correccional de menores. De acuerdo con versiones periodísticas él habría sido quien degolló a Torres luego de casi una hora de tortura.
Por su parte, Periódico Central denunció en 2016 que Flores Zechinelli, a la fecha prófugo, había vuelto a Chipilo y se paseaba con total libertad por sus calles. No existe comunicación oficial sobre el estatus actual del exnovio de Agnes Torres, es decir, no se sabe si las autoridades aún se avocan a su captura ni se ha confirmado si se tienen datos de su paradero.
La sentencia
El pasado fin de semana, seis años y cinco meses después del terrible crimen y a casi dos años de finalizado el sexenio de Rafael Moreno Valle, el poder judicial de Puebla dictó sentencia condenatoria de hasta 35 años contra los tres individuos que aún permanecen en la cárcel por dicho homicidio.
Marco Antonio Berra Spezzia alias «El Tony» y Luis Fernando Bueno Mazzoco alias «El Huicho» fueron sentenciados a 35 años de cárcel y multas de entre 17,000 y 59,000 pesos; mientras que a Agustín Flores Zechinelli, hermano del exnovio, se le condenó a 23 años de cárcel y una multa de 177,000 pesos por los delitos de homicidio y robo agravado de vehículo.
El menor de edad involucrado está en libertad, como se señaló anteriormente, desde el año 2016. La Universidad Veracruzana se negó en todo momento a expedir un título de licenciatura a nombre de Agnes Torres pero le rindió un homenaje a la psicóloga en el año 2013. Del exnovio de la activista poco o nada se sabe hasta la fecha.
















