Tonatiuh Muñoz Aguilar
La colocación amañada de anuncios espectaculares, con el fin de posicionar la imagen de precandidatos afines al poder, fue la práctica constante durante los casi ocho años que duró el llamado «morenovallismo» en Puebla.
Supuestas entrevistas hechas a modo, publicidad de revistas que nadie conocía, campañas negras contra opositores e incluso libros apócrifos de firmas editoriales «fantasma», así se manejaron los espectaculares durante el sexenio de Rafael Moreno Valle Rosas y durante el corto periodo de gobierno de Antonio Gali Fayad.
Amparado en ciertas lagunas de la ley electoral, el morenovallismo encontró una estrategia efectiva de propaganda política al colocar la imagen de cualquier persona a la que se buscara posicionar entre los electores, con el fin de ganar tiempo y adelantarse a los periodos legales de campaña.
El mayor beneficiario de esta estrategema fue el difunto exgobernador Moreno Valle, quien incluso colocó anuncios con su rostro en otras entidades de la república cuando pretendía ser candidato a la presidencia de México (2018), pero también se usó para posicionar perfiles como los de Antonio Gali y varios aspirantes al Congreso.

Para que la operación funcionara, el poder político necesitó siempre de la complicidad del poder empresarial, que también se benefició con la expedición de licencias irregulares para la colocación de estructuras publicitarias con las que se pretendió manipular a la opinión pública.
«A través de ellos se construyeron campañas de guerra sucia, se construyó todo tipo de señalamientos, infamias, es decir control político. Lo que el poder tuvo a través de esto fue un control mediático, político, de dominación a la gente a través de la infamia pública», acusó el gobernador Miguel Barbosa, quien en videoconferencia de prensa denunció el modus operandi de esta «mafia» que lucró con los anuncios espectaculares.

La relación que prevaleció entre quienes integraron «la mafia de los espectaculares» fue un acuerdo basado en la máxima de «ganar-ganar»: mientras los políticos crecían en el conocimiento público de su imagen y la intención de voto, los empresarios obtuvieron importantes beneficios económicos.
«Se formaron grandes fortunas de empresarios que se dedicaron a este giro, en sociedad con los hombres del poder. ¿Porque los hombres del poder cómo iban a dejar que este negocio funcionaria sin ellos? Funcionó con el solapamiento del poder. Y se hicieron grandes fortunas», dijo Miguel Barbosa.
Barbosa reveló que la mayoría de los espectaculares colocados en la zona metropolitana de Puebla no cuentan con licencia (473 contabilizados hasta la redacción de este artículo), pues fueron autorizados solo por la «prepotencia» de los hombres en el poder. Otros 177 cuentan con licencia vencida.
«Todos sabemos quiénes son, esos arrogantes, corruptos. Ahí se publicaban esas campañas encubiertas de entrevistas, de revistas chafas, ‘patito’, que servían para promocionar o para golpear a opositores políticos y que se volvieron un enorme negocio», afirmó el mandatario.

Desde el año 2019, el gobierno del estado inició con la regulación de los anuncios espectaculares y su posterior retiro de la vía pública. Hasta el momento se han retirado más de 138 estructuras (38 en 2021) con más de 169 caras comercializables y se colocaron 150 sellos.
Lo anterior provocó la animadversión de algunos grupos empresariales quienes hasta la fecha han promovido al menos 25 juicios legales contra la administración barbosista, informó Rafael Reynoso, director General de Prevención de Contaminación Visual de la Secretaría de Medio Ambiente.













