Previo al arranque del desfile cívico-militar por el 164 aniversario de la Batalla de Puebla, la organización en torno al evento no solo se centró en la logística y seguridad, sino también en acciones que ya comienzan a generar lectura política.
A lo largo del bulevar 5 de Mayo, entre los miles de asistentes que desde temprana hora apartaron lugar para presenciar el paso de los contingentes, se reportó la distribución de abanicos, botellas de agua y loterías de cartón que portaban el nombre de “Laura Artemisa”, lo que llamó la atención de ciudadanos y observadores.
Si bien la entrega de insumos para mitigar el calor y mejorar la estancia del público es una práctica común en eventos masivos, la presencia de nombres propios en este tipo de artículos abre el debate sobre el uso de actos públicos con alto nivel de visibilidad para posicionamientos políticos anticipados.
El desfile, que cuenta con la presencia de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y del gobernador Alejandro Armenta, se convierte no solo en un escaparate de identidad nacional, sino también en un espacio donde distintos actores buscan capitalizar la atención ciudadana.
En un contexto donde los tiempos políticos comienzan a tomar forma rumbo a futuros procesos electorales, este tipo de acciones, aunque discretas, reflejan la intención de posicionamiento en uno de los eventos con mayor concentración social y mediática en el estado.
Así, mientras el desfile avanza como símbolo de unidad y orgullo histórico, también deja ver las primeras señales de una disputa por la presencia pública en Puebla, donde cada detalle cuenta y cada nombre busca quedarse en la memoria colectiva.














