Tras un nuevo vaivén de la tierra en el mismo día que dos temblores causaron desastres en 1985 y 2017, las crisis nerviosas y los ataques de pánico entre una considerable cantidad de ciudadanos no se hicieron esperar.
Miles de personas sucumbieron ante los instintos primarios que a través de su memoria les recordó con desagrado las tragedias que en ciudades como Puebla o México, se vivieron hace cinco y 37 años respectivamente.
Escenas de pánico y gente que no quería regresar a su domicilios y centros laborales, fueron vistas en las calles principales de las grandes urbes. Los servicios de emergencia se han avocado principalmente en atender los daños emocionales que han llevado a generar cierto caos entre los ciudadanos, a pesar de que las afectaciones materiales son prácticamente inexistente.
El temblor de este #19s coincidió -otra vez -con la salida de los niños y jóvenes de las escuelas, lo cual contribuyó con la histeria colectiva. Al mismo tiempo, las redes sociales que en esta ocasión son un recurso primordial para gran parte de la población han generado también a incrementar la sensación de zozobra y desasociego.
Debido a que muchas personas han intentado comunicarse con sus familiares y seres queridos, las telecomunicación también presentan fallas de forma intermitente.















