Tonatiuh Muñoz Aguilar
No se trata de una pieza dental sino de la probada experiencia del gobernador del estado, Luis Miguel Barbosa Huerta, quien en materia política se las sabe de todas, todas. Así lo refrendó recientemente, con los sucesos acontecidos en Puebla, en el marco del Día de la Mujer.
El gobernador poblano se adelantó a lo que ya se veía venir y ordenó el cierre con estructuras metálicas de edificios públicos que, era de esperarse, serían el blanco de la marea feminista. La Casa Aguayo, el Centro Histórico, la Comisión Estatal de Derechos Humanos, serían como en muchas otras ocasiones, el receptáculo de las mujeres que protestaran contra la indiferencia histórica de las autoridades.
Por su parte la presidenta municipal, neófita en temas relacionados con la contención del descontento social y proveniente, eso sí, de las bases ciudadanas que la llevaron a ser en su momento, secretaria de Diversidad Sexual de Morena, se sumó a las voces que en otras latitudes pedían «apertura» y «puentes en lugar de muros».
Bastaba ver la experiencia del año pasado a nivel nacional y las recientes coyunturas locales para prevenir, basados en hechos como la toma del Congreso de noviembre de 2020, que este 8 de marzo se esperaba un día de furia. Tales antecedentes justificaban la colocación de vallas en las inmediaciones de monumentos históricos.
Mas la alcaldesa poblana pidió al gobierno de la entidad que «se derribaran los muros» y he ahí donde se activó el largo «colmillo» de Miguel Barbosa Huerta, quien de inmediato le tomó la palabra, sabiendo que cualquier acto de vandalismo recaería ahora en la cancha de quien solicitó la apertura de las inmediaciones, en vez de actuar con prudencia y procurar «sana distancia» entre las manifestantes y los edificios públicos.
No sin razón, ahora el gobernante de la entidad puede salir a condenar desde la conferencia mañanera poblana, los excesos cometidos por un grupo de personas a quienes sin embargo, no criminaliza: se trata pues de la falta de visión por parte de ciertas autoridades que, ya sea intencionalmente o por carencia de pericia, no evitaron el daño -superficial, sí; pero indefendible -contra recintos antiguos como la sede de la CDH o del PRI municipal.
Y no sólo eso, sino que con astucia, Miguel Barbosa le dio la vuelta al Ayuntamiento y se adelantó a decir que su administración pagará los platos rotos por la marcha del Día de las Mujeres, bajo el argumento incuestionable de que «Puebla no se puede quedar tirada por días, meses y años».
Lo anterior además de señalar que la autoridad ministerial será la encargada de hacer un deslinde de responsabilidades.
Tal alcance de miras, que en términos coloquiales no se puede llamar de otro modo más que «maña» (más vale maña que fuerza, dicen por ahí), ya había sido demostrada por Miguel Barbosa en otras ocasiones, como cuando logró reventar una sesión apócrifa del Comité Directivo Estatal del PRD, en tiempos de Moreno Valle.
















