Tonatiuh Muñoz Aguilar
En medio de un impresionante e inédito operativo que incluyó a uniformados de la Policía Municipal y del Estado, la candidata del PAN, Martha Erika Alonso Hidalgo recibió su constancia como gobernadora electa de Puebla.
Su triunfo quedó marcado por la serie de irregularidades ocurridas durante la jornada electoral y una sociedad polarizada por lo que se supone, fue un fraude comicial contundente. Incluso, a la sesión del Instituto Electoral del Estado donde se le entregó su acreditación como primera gobernadora panista de México, no se permitió el ingreso a los medios masivos de comunicación.
Estos fueron relegados al sótano del edificio en medio de un piquete de policías armados, lo que fue considerado por la mayoría como una especie de intimidación hacia la prensa. El servicio de Metrobús también fue interrumpido, ya que los oficiales de las policías estatal y municipal ocupaban el carril confinado.
Martha Erika Alonso llegó en una camioneta de la que bajaron los presidentes nacionales del PRD y Movimiento Ciudadano, Jesús Zambrano y Dante Delgado, pero curiosamente no del PAN, instituto al que la hoy gobernadora electa pertenece y con cuya dirigencia, se sabe, su marido el exgobernador, Rafael Moreno Valle sostiene diferendos.
Previo a su llegada, los policías permitieron el ingreso de «porras» que coreaban al unísono «Martha gobernadora» y «sí se pudo». La voz discordante de la sesión en el instituto estuvo a cargo de José Juan Espinosa, representante del Partido del Trabajo y quien durante el primer discurso de la panista no cesó de gritar «fraude», mientras los simpatizantes de Alonso intentaban acallar su voz.
Fue así como se inició lo que ya muchos consideran el preámbulo del sexenio: una sociedad dividida, la sombra de la trampa que habría llevado a Martha Erika a ocupar el cargo que apenas hace dos años dejó su esposo. Entretanto, en el zócalo, pequeñas manifestaciones se oponían al supuesto triunfo de la panista y su contendiente Luis Miguel Barbosa proclamaba desde internet el anuncio de una impugnación.
Minutos más tarde, Martha Erika Alonso arribó al escenario de Acrópolis, un inmueble dispuesto para los conciertos pero desde donde ahora, miles de poblanos con pulsera en mano recibieron a la inminente gobernadora y así, con un primer discurso y en medio de fuertes aclamaciones, llegó el inicio de una nueva etapa. La etapa de la zozobra y si acaso, la de la reconciliación entre los poblanos.

















