El accidente ocurrido en la colonia San Antonio Abad, donde una unidad de la Ruta 50 intentó ganarle el paso al tren y terminó dejando 20 pasajeros lesionados, no puede verse únicamente como una imprudencia individual del conductor. Detrás de este hecho existe una realidad mucho más compleja que las autoridades han preferido ignorar durante años.
La imagen de la unidad destrozada junto a las vías férreas volvió a exhibir uno de los principales problemas de movilidad en Puebla: la competencia desleal, la falta de orden en el transporte público y la insuficiente vigilancia de quienes operan fuera de la ley.
Mientras los concesionarios establecidos deben cumplir requisitos, verificaciones, seguros y regulaciones, en distintas zonas del estado continúan circulando unidades piratas.
La consecuencia es una presión permanente sobre los chóferes, quienes buscan completar más viajes, captar más pasajeros y cumplir con la cuenta, que les exigen los dueños de las unidades.
Nada justifica que un conductor arriesgue la vida de decenas de personas para intentar cruzar antes que un tren. Sin embargo, tampoco puede ignorarse que la autoridad encargada de regular el transporte ha sido incapaz de contener la proliferación de servicios irregulares que operan a plena luz del día.
La Secretaría de Movilidad y Transporte anuncia revisiones, operativos y mesas de trabajo, pero los resultados difícilmente se reflejan en las calles. Basta recorrer diversos municipios y juntas auxiliares para encontrar vehículos prestando servicio sin concesión, sin supervisión y, en muchos casos, sin las condiciones mínimas de seguridad para los usuarios.
El accidente de San Antonio Abad debe servir como una llamada de atención.
Urgen operativos reales, permanentes y transparentes contra el transporte irregular, así como una supervisión estricta del cumplimiento de las normas por parte de todos los operadores.
Porque cuando ocurre un accidente, la responsabilidad inmediata puede recaer en quien iba al volante. Pero cuando las condiciones que permiten esos riesgos se mantienen durante años sin ser corregidas, la omisión también tiene responsables.
Hasta la próxima
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