Tonatiuh Muñoz Aguilar
Al tiempo de iniciar los cierres de las campañas en diferentes lugares de la geografía nacional un nuevo caso de violencia en el estado ha puesto el dedo en la llaga sobre una de las debilidades del régimen que pretende consolidarse.
La imagen de seis policías municipales asesinados y cuyos cuerpos fueron formados en fila, al mero estilo del narco, el pasado viernes en Chachapa le ha dado la vuelta a México y ha puesto de nueva cuenta en la agenda el tema de la inseguridad que se vive en el estado.
Las horas del pasado fin de semana fueron cruciales para determinar que los policías ya habían interpuesto una denuncia por corrupción contra sus jefes directos en la Contraloría Municipal, lo cual lleva a pensar en una especie de venganza. A raíz de ello, la Fiscalía General del Estado detuvo a dos mandos de la fuerza policiaca.
Sin embargo, eso no ha servido para contener la idea de que Puebla cada vez es más uno de esos estados donde los maleantes están infiltrados con las fuerzas del orden y aun más, con algunas autoridades; donde los delincuentes acribillan y dejan sembradas cabezas, donde cuelgan narcomantas y donde arrojan cuerpos desmembrados en las zonas despobladas.














