Por: Tonatiuh Muñoz Aguilar
El clero, la farándula, los centros de vacunación a menores de edad, la política y por supuesto los migrantes: no hay en este país un sólo sector que se encuentre exento de la violencia y así ha quedado demostrado durante los últimos días, en los que hechos delictivos han salpicado de sangre a prácticamente todos los ámbitos de la vida pública y privada.
El feminicidio de una cantante dentro de un restaurante de lujo en la capital del país, la ejecución de dos sacerdotes jesuitas al interior de su propio templo, en la Sierra Tarahumara; la balacera que dejó cuatro heridos durante la aplicación de vacunas contra COVID en un una colonia céntrica de Puebla: la guerra que se vive en México no ha dejado títere con cabeza y, al parecer ya no existe un sólo lugar público -ni particular -donde los mexicanos estén a salvo.
Pánico en la aplicación de vacunas
El último hecho delictivo de gran impacto tuvo lugar este martes 28 de junio a plena luz del día en la ciudad de Puebla, donde miles de padres de familia junto con sus hijos menores de edad, acudieron a formarse para recibir la vacuna pediátrica antiCOVID, en el primer día de su aplicación.
En las inmediaciones del Centro Comercial Galerías Serdán, uno de los más lujosos de la capital poblana, se desató una balacera que puso pecho tierra a todos los mayores de edad y niños que estaban formados.
De acuerdo con las autoridades, la agresión se trató de un intento de ajusticiamiento contra un narcomenudista apodado «La Zorra», quien por razones desconocidas se encontraba cerca de la zona de vacunación. Sin embargo, balas perdidas afectaron a tres personas más -dos menores de edad -, quienes pese a estar fuera de peligro, fueron trasladadas a nosocomios.
Aunque las lesiones que recibieron tanto «La Zorra» como las otras víctimas no son consideradas de cuidado, el impacto en los ánimos de la población que estaba formada -así como en otros que acudieron a vacunarse en otros puntos y se enteraron del hecho -se vio afectado de forma considerable, a tal punto que varios tuvieron que recibir atención médica por crisis nerviosas.
El feminicidio de una artista
La noche del jueves 23 de junio, la cantante Yrma Lydya se encontraba cenando junto con su pareja, el abogado Jesús Hernández, en un lujoso restaurante de la Ciudad de México, ubicado en la colonia Del Valle.
Versiones periodísticas apuntan que la mujer habría descubierto a su esposo, un influyente abogado de 79 años, teniendo acercamiento sexual con otra persona, lo que habría desencadenado en una riña que terminó con Jesús Hernández disparando al menos en tres ocasiones contra la cantante de ranchero.
Raymundo Riva Palacio, columnista de Eje Central, señaló en un artículo que este sujeto acostumbraba visitar frecuentemente el restaurante de comida japonesa Suntory -donde ocurrieron los hechos -, siempre con una pistola colgada al cinto. Esta es la misma arma con la que habría disparado contra Yrma Lydya.
Aunque el hombre de la tercera edad intentó huir de la zona acompañado por sus guardaespaldas, policías de la Ciudad de México le dieron alcance y lo remitieron al Ministerio Público. A partir de ese momento ha permanecido encerrado.
El hecho ha causado conmoción porque, en un país tan violento como México, donde los femicidios ocurren diariamente, es la primera vez que este tipo de crímenes alcanza a una mujer de tan alto perfil -perteneciente al mundo del espectáculo -de forma tan explícita, lo que comprueba lo que las organizaciones feministas han señalado desde hace tiempo: el sistema patriarcal permite que los «machos» se sientan con la libertad de tomar en sus manos la vida de sus esposas.
«¡Cuántos asesinatos hay en México!»: la muerte de dos jesuitas
La espiral de crímenes de alto impacto inició en México el pasado 21 de junio, cuando dos sacerdotes jesuitas de la comunidad de Cerocahui, en Chihuahua, fueron ultimados a balazos junto con un guía de turistas, por un narcotraficante apodado «El Chueco» quien hasta el momento de escribir el presente texto se considera prófugo.
El homicidio de los religiosos no representa el inicio de la criminalidad en el país, pero sí ha significado una serie desafortunada de crímenes impactantes que parece no terminar. También capturó la atención internacional debido a que el propio papa Francisco, quien igualmente es jesuita, se pronunció al respecto de estos hechos con la demoledora frase «¡cuántos asesinatos hay en México!».
Pese a la violencia que se convierte a diario en la nota principal de los noticieros, las autoridades federales -encabezadas por el presidente de la repúbica, Andrés Manuel López Obrador – se han negado a reconocer que la inseguridad los está rebasando, y el propio mandatario se ha empecinado en señalar desde su palestra, que el grave deterioro en la convivencia social es el resultado de las malas administraciones que le antecedieron, así como ha rechazado cambiar su estrategia de seguridad.
Antes del asesinato de los dos jesuitas, el país se había cimbrado con otros hechos delictivos como el linchamiento de un abogado exasesor del Congreso de la Unión en la comunidad de Papatlazolco, Puebla, por pobladores que lo confundieron con un robachicos, así como el feminicidio de la abogada y activista Cecilia Monzón, a manos de sicarios contratados por el excandidato a gobernador poblano, Javier López Zavala, entre otros casos.
















