Este fin de semana fue dramático para muchas familias en Puebla.
El coronavirus llegó a sus vidas, y aún con recursos, para muchos es el momento en que no consiguen un tanque de oxígeno.
Otras más, darían la vida para poder conseguir una caja de Ivermectina, medicina antiparasitaria que “PUEDE” matar al coronavirus, en 48 horas en pruebas in vitro.
El fármaco se ofrece en dosis indicadas para tratar síntomas del COVID-19.
Y ninguna de las dos las hay. Los más afortunados encontraron la caja en 228 y hasta 450 pesos. Antes de la pandemia, costaba 35.
Las balas pasan cada vez más cerca. A estas alturas todos conocemos, al menos, a un contagiado.
No hay ambulancias disponibles. Los médicos siguen cayendo como fichas de dominó.
Y en las calles…el peor escenario. Gente sin cubrebocas, retadores de la muerte organizando partidos de fútbol. Tianguistas y ambulantes por doquier, sin sana distancia, sin gel antibacterial, sin conciencia.
Las balas pasan cada vez más cerca, y no distinguen razas, credos, ni bolsillos.
Qué ironía, comenzamos la pandemia agotando los rollos de papel higiénico en los supermercados; hoy no hay ni vitaminas. Otra lección de la vida sobre las prioridades.
Querido lector: no estoy dramatizando, todo lo que escribo es producto de testimonios de horror, que me han compartido en redes sociales.
Un gran amigo de mi familia, médico de la “primera línea de batalla” en un hospital Covid-19, positivo en coronavirus; me dijo lo siguiente cuando llamé para preguntar por su salud:
“ No te quites el maldito cubrebocas y aléjate de los pendejos que no lo usan. Tu gran seguro de vida, para este maldito virus, será lo que comas”.
Hasta hoy lo comprendo. Tuvo que pasar esto para que la naturaleza , en su infinita sabiduría, nos enseñara lo que dijimos siempre sin sentirlo y sobre todo sin entenderlo. Lo importante es que tenemos salud.
Las balas pasan cada vez más cerca.















