A pesar de los operativos, patrullajes y despliegues de seguridad en el Mercado Morelos, la realidad volvió a estallar en las calles de Puebla con una escena brutal: un niño de apenas 10 años quedó gravemente herido tras una balacera derivada de una persecución en la zona.
La pregunta ya no es si el Mercado Morelos representa un foco rojo, pues claro que lo es y eso quedó claro desde hace años. La verdadera pregunta es por qué, pese a cateos, detenciones y anuncios oficiales, la violencia sigue operando prácticamente con normalidad en uno de los puntos más conflictivos de la capital poblana.
El ataque que dejó al menor al borde de la muerte exhibe el fracaso de una estrategia que parece enfocada más en el impacto mediático que en recuperar realmente el control territorial. Porque cuando un niño termina atrapado entre disparos, queda claro que el crimen ya rebasó cualquier discurso institucional.
Las propias autoridades estatales han reconocido la disputa criminal entre grupos como La Familia Michoacana y Los Toscano por el control de la zona. Es decir, el diagnóstico existe. Se sabe quiénes pelean la plaza, dónde operan y cómo se mueven. Sin embargo, los hechos demuestran que el problema sigue intacto.
El Mercado Morelos dejó de ser únicamente un centro de comercio popular. Hoy carga con una reputación marcada por ejecuciones, narcomenudeo, cobro de piso, persecuciones y enfrentamientos armados. Y lo más grave es que la violencia ya no se limita a quienes participan en actividades ilícitas: ahora alcanza a ciudadanos, comerciantes, familias y menores de edad.
Cada operativo anunciado genera la misma narrativa oficial: “se reforzará la seguridad”. Pero los resultados duran poco. La delincuencia reaparece, las balaceras continúan y el miedo se instala nuevamente entre quienes viven y trabajan en la zona.
Hoy un niño lucha por sobrevivir….
Hasta la próxima
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