En Puebla, la reforestación y el cuidado del medioambiente han dejado de ser actividades simbólicas para convertirse en una política pública con impacto social. Bajo la gestión del gobernador Alejandro Armenta, el estado impulsa una estrategia que combina la restauración de ecosistemas con beneficios directos para las comunidades, como la producción de árboles frutales y el saneamiento de cuerpos de agua.
Una de las acciones más recientes fue la entrega de casi 6 mil árboles en zonas cercanas al Iztaccíhuatl y comunidades rurales como Izúcar de Matamoros. La meta, según ha explicado el mandatario, no es sólo sembrar por sembrar, sino hacerlo con base en criterios ecológicos que respeten las especies endémicas de cada región.
Por ejemplo, en zonas altas como las cercanas al volcán Izta-Popo se fomenta la plantación de nogales y aguacates, mientras que en otras se priorizan especies como piñón, limón, higo y lima. Estos árboles no sólo ayudan a recuperar áreas verdes, sino que también generan alimento, salud y oportunidades económicas para las familias.
Armenta ha destacado que esta iniciativa tiene un enfoque de largo plazo, con énfasis en el fortalecimiento de viveros forestales como fuente sostenible de especies frutales. Además, ha subrayado la importancia del seguimiento: “De nada sirve sembrar millones de árboles si no los cuidamos”, dijo en un evento reciente.
El plan también contempla el saneamiento de cuerpos de agua como el lago de Valsequillo y la rehabilitación de caminos rurales, entendidos como elementos clave para mejorar la calidad de vida y el desarrollo regional.
Con estas acciones, el gobierno estatal busca combinar el cuidado ambiental con una visión de bienestar comunitario y desarrollo sostenible.
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