Tonatiuh Muñoz Aguilar
En menos de una semana, el diputado federal de Morena, Saúl Huerta Corona, pasó de ser un legislador prácticamente desconocido pero poderoso en su distrito natal (la zona de San Francisco Totimehuacán), a convertirse en el apestado de la clase política de Puebla.
Así lo demuestra el más reciente tuit del dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, quien no sólo refrendó la disposición del partido en el gobierno para no cerrar filas en favor del sexagenario, sino que incluso pidió celeridad en el proceso de desafuero contra Huerta Corona.
A diferencia de lo que ocurrió con Félix Salgado Macedonio, los morenistas no están dispuesto a comprometer su capital político con una eventual defensa del poblano, mucho menos en un momento coyuntural tan importante del actual proceso de campañas.
Y es que el escándalo de Huerta, sobre quien ya pesan más de cuatro señalamientos por abuso sexual y al menos dos denuncias de tipo penal ante la Fiscalía capitalina, no pudo llegar en mejor momento para la oposición y en peores circunstancias para Morena.
Los antecedentes de Félix Salgado Macedonio, acusado de violación en Guerrero, y las explosivas imágenes de David Monreal, candidato a la gubernatura de Zacatecas quien presuntamente «torteó» a una abanderada de su mismo partido, sólo sirvieron para preparar el terreno en el que se quemaría en leña verde a Huerta Corona.
En otras palabras, que los morenistas habían estirado la liga demasiado como para que la opinión pública pudiera soportar otro escándalo de tipo sexual sin pasarles factura el próximo 6 de junio. Ello sumado al hecho de que las presuntas víctimas de Huerta son menores de edad, obligó a que todos en el Movimiento se deslindaran del diputado.
El único que lo defendió en su momento, aunque más tarde cambió de parecer, fue el coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ignacio Mier Velazco, quien argumentó la increíble justificación de que no podían desaforar a Huerta porque su presunto abuso lo había hecho en su tiempo libre.
Además de Mier, nadie en Morena ha salido -ni saldrá -a dar la cara por Huerta Corona. Primero fue el propio gobernador Miguel Barbosa, quien pidió que el caso se esclarezca y calificó las acusaciones de «graves» y «bochornosas».
Después fue la secretaría General de Morena, Citlalli Hernández, que adelantó desde el jueves la posibilidad de desafuero para el legislador poblano. Más tarde refrendó esta posición el propio dirigente Mario Delgado y hasta el mismísimo presidente López Obrador, se ha desmarcado de Huerta.
El fin de semana siguió la jefa de Gobierno de la Ciudad de México -donde se cometió la última agresión -, Claudia Sheinbaum, y este lunes, la fiscal de la capital del país, Ernestina Godoy, ha dado signos de hacia dónde se dirige este caso.
Todo con el broche de oro del tuit de Mario Delgado, que confirma que a los de Morena les urge deshacerse de este personaje incómodo.
















