Tonatiuh Muñoz Aguilar
La manifestación de ejidatarios que tuvo lugar este lunes 10 de septiembre sobre la Autopista México-Puebla a la altura de Río Frío, provocó que miles de viajeros llegaran tarde a sus compromisos, perdieran boletos de vuelo o sencillamente sucumbieran al enojo y la desesperación ante lo que se convirtió en un sacrifico de seis horas.
Tal es el caso de Óscar, quien viajaba fe la Ciudad de México a Puebla tras una estancia de descanso en la capital del país. El joven de 23 años tuvo que recurrir a su ingenio para sortear el cansancio que representa estar seis horas en un punto fijo sin poderte desplazar debido a las protestas de un grupo de manifestantes.
Primero intentó dormir un poco. Luego de que se cansó de esto, tomó fotografías con su teléfono y escuchó música. Cuando la batería de su celular sucumbió al uso, no le quedó de otra más que bajar del autobús en que se trasladaba para estirar las piernas. Ya cuando se cumplían las cuatro horas de estar varados, recurrió a la socialización para desestresarse.
Fue así como se enteró que en el mismo vehículo viajaban dos ciudadanas colombianas que visitarían Africam Safari. Sin embargo la manifestación de ejidatarios arruinó los planes de las mujeres y estas tuvieron que reconocer que ya no les daría tiempo de conocer el parque. No les quedaba de otra más que llegar a Puebla, desayunar y prepararse para regresar a la capital del país.
«Mañana tenemos nuestro vuelo por lo que prácticamente vamos a llegar y regresarnos para estar listas a primera hora. No sea que nos pase lo mismo de regreso», afirmó Geraldine, quien se dijo decepcionada de no haber podido conocer el zoológico más famoso de México.
Esas son las consecuencias que afectan a terceros en un bloqueo carretero como este. Mientras los ejidatarios reclaman sus justas necesidades, el gobierno se ve en la dificultad de no querer ceder ante las exigencias, dejando en cambio que ciudadanos ajenos al conflicto paguen con parte de su tiempo.
Por lo pronto, Oscar conoció a dos muchachas nuevas y aprendió que hay muchas otras cosas que hacer cuando no se puede hacer nada, más allá de solamente valerse de su teléfono.












