Por: Tonatiuh Muñoz Aguilar @Coyotiuh
La reciente detención de Javier López Zavala ha puesto en la discusión pública los usos y abusos del poder, cometidos por una clase política que poco a poco se ve forzada a enfrentar las consecuencias de sus actos. Creyendo que por siempre permanecerían impunes, hoy, toda una generación de exfuncionarios públicos ha caído en desgracia, llevándose consigo a sus seres más cercanos.
El exsecretario de Gobernación en el sexenio de Mario Marín Torres es uno más de la larga lista de exgobernadores, exfuncionarios y hasta periodistas que cayeron en el exceso de sentirse intocables. César Duarte, exmandatario de Chihuahua; «El Bronco», Emilio Lozoya exdirector de PEMEX, y muchos casos emblemáticos más hacen reflexionar sobre las ironías de la vida: ayer todopoderosos, hoy enfermos y recluídos tras las rejas.
A López Zavala se le acusa oficialmente de fraguar y pagar el asesinato de la madre de su hijo, la activista Cecilia Monzón. Sin embargo poco a poco surgen acusaciones de otra índole en su contra, como la más reciente publicación de Lydia Cacho, quien recordó que el nombre del político chiapaneco apareció en su expediente de tortura, e incluso puede estar inmiscuído en la red de protección a pederastas que ella denunció hace 17 años.
Sobre esto reflexionó el actual gobernador Miguel Barbosa, quien al dar cuenta de los pormenores del feminicidio que en los últimos días cimbró Puebla, opinó que la impunidad acostumbrada de muchos políticos, probablemente llevó a López Zavala a creer que permanecería exento de afrontar los delicados cargos judiciales que hoy pesan en su contra.
«Vienen de esa época (los políticos), de esa época en la que el poder servía para beneficiarse (…) Esto es parte de una coyuntura: si el que tiene el cargo más importante se pervierte, se descompone, todo lo de abajo se descompone», dijo Miguel Barbosa en clara referencia al exjefe de López Zavala, Mario Marín Torres, hoy presto también en la Riviera Maya.
Miguel Barbosa dijo también que el poder «descompuesto» genera privilegios exorbitantes que con el tiempo, son añorados por los otrora poderosos. Ese exceso de poder sería, en opinión del tehuacanero, una especie de enfermedad que descompone y pervierte, que lleva incluso a la locura.
Si hoy hicieron esto, ¿qué no habrán hecho cuando estuvieron en los cargos públicos?
Al calificar el feminicidio contra Cecilia Monzón como un «acto paradigmático de enorme maldad y enorme perversión», Miguel Barbosa se cuestionó si es que el poder desmedido de quienes antaño se ostentaron en los cargos más altos que puede haber en la estructura gubernamental poblana, los llevó a creer que quedarían impunes cuando se revelara el vínculo criminal que habían urdido para cometer hechos violentos.
«Si hoy hicieron esto, ¿qué no habrán hecho cuando estuvieron en los cargos públicos?«, expresó el gobernador al decirse consternado y deslizar, sin pronunciar nombres, que apenas se supo la detención de López Zavala comenzaron a fluir una serie de historias impactantes sobre el actuar de quien fuera candidato del PRI a la gubernatura de Puebla: «las historias sobre el hoy implicado son enormes y tremendas, ¡tremendas!».
El mandatario poblano también pidió que «cuidemos al poder», en una breve sugerencia a la clase política que hoy gobierna, para referir que quien se beneficia de su cargo no está ejerciendo la ley si no está cometiendo delitos.
Barbosa coronó su arenga con una expresión que quizás engloba la pregunta que hoy se hacen muchos en Puebla:
¿Qué pensaba este señor, en caso de que se pruebe todo: hacer este acto de maldad y perversión, prepararlo con ciertas personas -los implicados en este delito -, y que si hubiera una investigación, cuando se llegara a encontrar un vínculo que lo llevara a él, ya no se iba a tocar esta investigación, como fue la práctica en su tiempo de ellos?
Miguel Barbosa Huerta.













