Tonatiuh Muñoz Aguilar
A menos de 20 días de uno de los días más importantes en la historia reciente de México, surgen en la escena nacional una serie de hechos inquietantes que contribuyen a enrarecer el ambiente político y social, de por sí marcado por la violencia.
Uno de ellos es el reparto descarado de dinero en las sedes nacional y locales del PRI a simpatizantes que entregaron a cambio una copia de su credencial de elector, suceso ocurrido entre el jueves y viernes de la semana pasada, con el acostumbrado e inconfundible sello de los tricolores, pero con la novedad de que esta vez ni siquiera se molestaron en disimular las formas.
Seguido a esto fue difundido el video donde aparece un presunto hermano de Manuel Barreiro, empresario queretano acusado de lavado de dinero y a quien se liga a Ricardo Anaya, y las posteriores declaraciones de José Antonio Meade y Vanessa Rubio, vocera del mismo equipo de campaña priista quienes llamaron, el primero «vulgar ladrón» a Anaya y la otra «corrupto» además que pidió su renuncia.
Tal movimiento, el video contra Ricardo Anaya, no pudo haber sido activado sin la anuencia del presidente Peña y esto implica que desde el gobierno y desde el PRI se ha echado a andar una extraña estrategia electoral en contra no del candidato puntero, Andrés Manuel López Obrador, sino del que se ubica en el segundo lugar en las encuestas.
Tan así lo entendió el propio Ricardo Anaya que de inmediato y a manos llenas, propaló su propio video en el que acusó un pacto entre López Obrador y el gobierno federal, versión tarantinesca que bien podría funcionar entre ciertos sectores de la población de México proclives a creer en teorías de la conspiración.
Así que al de por sí escenario sangriento que han dejado los ya 112 asesinatos de políticos en funciones o candidatos a lo largo de este proceso electoral, se agregan ahora una serie de fenómenos a los que, o bien no estábamos acostumbrados o bien se esperaba ver venir de forma y en tiempos diferentes.
Súmese a este panorama la oleada de llamadas telefónicas entre intimidantes y chuscas -alguien dijo que del auricular escuchó una voz «de secuestrador» que le sugirió que no votara por López -que se hicieron desde números locales a celulares y aparatos fijos en al menos 31 estados de la república la semana pasada, para prevenir que se avecina lo más fuerte del proceso electoral en la recta final de la campaña.














