- En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la IBERO Puebla llama a reconocer las señales de alerta, validar el sufrimiento y construir redes de apoyo para quienes atraviesan situaciones de desesperanza.
De acuerdo con registros oficiales en México, cada día 24 personas mueren por suicidio. La población entre 30 y 40 añosconcentra la mayor incidencia, seguida por el grupo de 15 a 29 años. Los hombres se quitan la vida con mayor frecuencia que las mujeres, y Puebla ocupa el séptimo lugar entre las entidades con más casos registrados.
Estas cifras muestran la pertinencia del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre. En ese contexto, la Mtra. Ana Laura Gamboa Muñoz, académica y responsable del Observatorio de Violencia Social y de Género del Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría, SJ de la IBERO Puebla, destacó la importancia de comprender el suicidio desde una perspectiva que reconozca el sufrimiento y las condiciones biopsicosociales que atraviesan a las personas.
La académica destacó que la salud individual, mental y comunitaria es un derecho humano, por lo que la prevención requiere una responsabilidad compartida basada en la escucha, el acompañamiento y la construcción de comunidades capaces de sostener a quienes atraviesan momentos de dolor.
“Detrás de cada una de estas muertes no hay debilidad ni egoísmo”, señaló. Explicó que quien contempla el suicidio no necesariamente busca morir, sino dejar de experimentar un sufrimiento que puede haberse acumulado hasta sobrepasar sus recursos para afrontarlo. En consecuencia, la desesperanza puede limitar la capacidad de encontrar alternativas frente al dolor.
La académica también llamó a cuestionar la llamada happycracia o cultura de la felicidad obligatoria, que impone la idea de quelas personas deben mantenerse siempre bien y sonriendo. Esta lógica puede llevar a considerar que los problemas son exclusivamente individuales y que basta con “echarle ganas” para resolverlos, al tiempo que dificulta expresar y reconocer emociones como el dolor, la tristeza o la desesperanza.
Frente a ello, la Mtra. Gamboa Muñoz subrayó que acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles y abrir espacios cotidianos para hablar de aquello que duele puede contribuir a hacer vivir en plenitud. Por ello, invitó a no ignorar señales como cambios drásticos de conducta, sentimientos de ser una carga, expresiones relacionadas con la muerte o conductas de autolesión.
Ante una persona que atraviesa una situación de desesperanza, propuso tres acciones: escuchar, sentir y validar su experiencia, además de reconocer sus esfuerzos y servir como puente para que pueda acceder a acompañamiento profesional. La prevención del suicidio, añadió, requiere fortalecer los vínculos y combatir el aislamiento.
Quienes atraviesen una situación de sufrimiento pueden comunicarse a la Línea de la Vida: 800 911 2000 o buscar el acompañamiento de un profesional. “Tu vida importa y no tienes que cargar el dolor o sufrimiento en soledad o en silencio”, enfatizó.
















