El gas tóxico sarín es tan potente que una pequeña cantidad, menor a un grano de sal si tuviera forma sólida, es suficiente para matar a una persona. Se almacena en forma líquida y no solo puede ser inhalado, sino también absorbido por la piel y los ojos. Además, es incoloro y tiene un olor neutro, como el agua. Cuando se evapora en el aire, es imposible de detectar.
Por eso es tan difícil determinar cuándo se utilizó el gas en una guerra. Ucrania acusa a Rusia de haber utilizado gas sarín o armas químicas similares en Mariúpol. El batallón Azov estacionado allí informó que algunas de sus unidades fueron atacadas con una sustancia química el lunes por la noche. Los soldados afectados se quejaron de dolor, problemas en las vías respiratorias y el sistema nervioso. Los síntomas serían los mismos que sufrieron las víctimas de los ataques con gas sarín en la guerra civil siria.
La información aún no ha sido confirmada de forma independiente. El batallón Azov se considera en parte de extrema derecha, pero está bajo la dirección militar ucraniana. Por ahora, tanto el Reino Unido como Estados Unidos han anunciado investigaciones al respecto.
Afecta la respiración
El gas sarín afecta principalmente al sistema nervioso autónomo, que controla los movimientos inconscientes, como la digestión, el parpadeo o la respiración. «El veneno dificulta mucho la respiración. El cerebro le dice a los pulmones que respiren con normalidad, pero ese mensaje se corta y se deja de respirar», explica el químico Rob Stockman, de la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido.
Las células nerviosas envían la señal para respirar a las células musculares a través de unos mensajeros químicos llamados neurotransmisores. Normalmente, las enzimas descomponen estas sustancias mensajeras en sus partes individuales.















