En política, las palabras pesan y mucho. Como ya sabemos un micrófono puede construir una carrera, pero también acelerar su desgaste e incluso terminarla, por eso los políticos tienen que saber dominar la lengua.
Asi las recientes declaraciones de las diputadas Nay Salvatori y Grace Palomares desataron una ola de críticas que exhiben un problema de fondo: la falta de prudencia y su inexperiencia para estar en un cargo público.
Ambas diputadas solo demostraron las ganas de exhibir sus comentarios totalmente desafortunados en contra de los hombres maduros al afirmar que huelen a baúl.
No es nada sorprendente que Nay Salvatori haya hecho ese tipo de comentarios, pues su estilo irreverente y el lenguaje que la caracterizaron desde su etapa como locutora no eran compatibles con la responsabilidad que implica ocupar un cargo de representación popular.
En el caso de Grace Palomares, la controversia también creció después de que hablara sobre una relación sentimental con un hombre considerablemente mayor que ella. Aunque se trata de aspectos de su vida personal, sus declaraciones alimentaron el debate público y provocaron diversas reacciones.
La política exige preparación, mesura y conciencia de que cada mensaje tiene consecuencias.
La exposición pública no perdona la improvisación.
Las críticas que hoy enfrentan no provienen únicamente de sus adversarios, sino también de ciudadanos que esperan representantes capaces de unir, dialogar y actuar con responsabilidad, y no recibir comentarios que los descalifiquen.
Afirmar que sus carreras políticas «se acabaron» sería una conclusión anticipada. Lo que sí es evidente es que ambas enfrentan un desgaste en la opinión pública y tendrán que responder a las críticas si buscan mantener o fortalecer su capital político.
Mientras tanto, Morena analiza sancionar y suspender sus derechos políticos.
Hasta la próxima
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